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LOS HURACANES

Los huracanes son tormentas fuertes que se forman en el mar y suelen provocar vientos con velocidades superiores a 100 km/h. Aunque con frecuencia llegan a ser altamente destructivos, los huracanes forman parte importante del sistema de circulación atmosférica, que provoca el movimiento de calor de las regiones cercanas al Ecuador hacia mayores latitudes.

 Origen 

La palabra "huracán" utilizada en el hemisferio occidental tiene varios orígenes. Los mayas utilizaban el vocablo Hurankén como nombre de un Dios creador, quien, según ellos, esparció su aliento a través de las caóticas aguas del inicio, creando así la Tierra. También el pueblo arahuaco (taíno) usaba la palabra Juracán para nombrar a un dios maligno. Los quechuas también nombraron a un dios Hurakán, el de los truenos y tormentas.;)

 Los huracanes reciben nombres diferentes en otras partes del mundo. Ciclón es el nombre que recibe en la India y todo el Golfo de Bengala, en Filipinas se denomina "baguio", en Australia se identifica como "Willy-Willy" y en el Oeste del Pacífico se conoce como tifón.

 Clasificación 

Los huracanes se clasifican de acuerdo a la fuerza de sus vientos, mediante la escala Saffir-Simpson. Basándose en esta escala, los huracanes Categoría 1 serían los más débiles y los Categoría 5 los más fuertes. Sin embargo estos términos son relativos ya que una tormenta de baja categoría puede causar un daño mucho más grave que el de un huracán más intenso, dependiendo del lugar que impacten y del potencial de generación de otros peligros (como tornados o deslaves).

 El Centro Nacional de Huracanes de los Estados Unidos considera a todos los huracanes que sobrepasan la Categoría 3 como Huracanes Mayores.

 Categoría de Huracanes

 Categoría 1

 Velocidad del Viento Sostenida Máximo: 74-95 millas por hora

Categoría del Daño: Mínimo

Presión Aproximada: Sobre 980 mb

Oleada Aproximada: 3-5 pies

 Categoría 2

 Velocidad del Viento Sostenida Máximo: 96-110 millas por hora

Categoría del Daño: Moderado

Presión Aproximada: 979-965 mb

Oleada Aproximada: 6-8 pies

 Categoría 3

 Velocidad del Viento Sostenida Máximo: 111-130 millas por hora

Categoría del daño: Extenso

Presión Aproximada: 964-945 mb

Oleada Aproximada: 9-12 pies

 Categoría 4

 Velocidad del Viento Sostenida Máximo: 131-155 millas por hora

Categoría del Daño: Extremo

Presión Aproximada: 944-920 mb

Oleada Aproximada: 13-18 pies

 Categoría 5

 Velocidad del Viento Sostenida Máximo: Sobre 155 millas por hora

Categoría del Daño: Catastrófico

Presión Aproximada: Debajo de 920 mb

Oleada Aproximada: Más de 18 pies

 Temporadas 

 A nivel mundial, la actividad ciclónica alcanza su punto máximo al final del verano, cuando la temperatura superficial de los océanos es más cálida; sin embargo, cada zona en particular tiene diferentes patrones de actividad.

 En el Atlántico norte, una temporada de huracanes comienza el día 1 de junio y termina el 30 de noviembre, siendo el mes más activo septiembre. El noreste del Pacífico suele tener un período más largo de actividad, aunque por lo general en los mismos meses del año.

 Formación 

 Aunque aún no se comprende a la perfección el proceso, se puede decir que la formación de un huracán precisa, por lo menos, tres factores:

 Que la temperatura del agua del mar sea superior a 27/28 ºC generando una rápida evaporación y condensación en las capas superiores.

Que la cuantía de la evaporación dé lugar a un centro de baja presión, de anchura intermedia y de gran proyección vertical.

Que exista una continua entrada de aire más frío en las capas altas como consecuencia, generalmente, de vientos alisios.

 Disipación 

Un huracán puede perder sus características tropicales en diferentes formas:

Al tocar tierra, la tormenta pierde el contacto con el agua cálida que necesita para seguir su desarrollo y rápidamente se debilita. Muchos ciclones muy poderosos se desintegran rápidamente en áreas de baja presión a uno o dos días de tocar tierra. Sin embargo, hay posibilidades de que un huracán se pueda regenerar si logra volver a salir a mar abierto. Si una tormenta pasa por un área montañosa, se debilitará rápidamente aunque el contacto sea breve. Esta última es, sin embargo, la causa de muchas muertes relacionadas con huracanes, ya que la tormenta traería lluvias torrenciales que pueden desencadenar deslizamientos.

El huracán permanece mucho tiempo en una misma área de agua, consumiendo todo el calor superficial disponible.

El huracán experimenta cizalladura, que provoca una pérdida de dirección de la convección desintegrando su estructura

Si la tormenta es débil, puede ser absorbida por otra área de baja presión, con la que se fusionaría para formar un área mayor de tormentas no-ciclónicas.

El huracán se traslada a aguas más frías, pierde sus características tropicales y se convierte en un ciclón extra-tropical.

Aun después de que un ciclón haya perdido sus características tropicales o se haya disipado, puede producir vientos poderosos y lluvias copiosas.

 Efectos 

Cualquier ciclón tropical en mar abierto puede aumentar el tamaño del oleaje, y lluvias y vientos muy fuertes que pueden afectar embarcaciones e incluso a hundirlas. Sin embargo, los efectos más devastadores de una tormenta de esta naturaleza ocurren cuando llegan a tocar tierra.

 Un huracán que afecta tierra firme puede provocar daño en cuatro formas diferentes :

 Viento: los vientos de un huracán pueden dañar o destruir completamente vehículos, edificios, caminos, etc., además de convertir desechos y escombros en proyectiles que son lanzados al aire a gran velocidad.

Marea: los huracanes producen un incremento en el nivel del mar, que puede inundar comunidades costeras. Este es el efecto más dañino, ya que el 80% de las víctimas de un ciclón mueren en los lugares donde estos tocan tierra.

Lluvia torrencial: las precipitaciones intensas pueden provocar deslaves en zonas montañosas, además de desbordar masas acuáticas cercanas.

Tornados: la rotación continua de un huracán muchas veces fomenta la formación de tornados. Aunque estos tornados normalmente no son tan fuertes como sus contrapartes no-tropicales, pueden provocar graves daños.

Muchas veces, después del paso de un ciclón, los efectos secundarios de estos siguen afectando a la población. Estos incluyen:

 Epidemias: el ambiente húmedo que queda tras el paso de un huracán, combinado con la destrucción de instalaciones sanitarias y un clima cálido puede inducir epidemias que pueden seguir cobrando vidas por mucho tiempo.

Apagones: los ciclones tropicales muchas veces provocan apagones masivos que dificultan la comunicación y obstaculizan los esfuerzos de rescate.

Dificultades para la transportación: las tormentas dañan puentes y carreteras, complicando los esfuerzos para transportar alimentos, agua para consumo humano y medicamentos a las áreas que lo necesitan.

 Detección y prevención 

Los huracanes se detectan por satélites y por radares meteorológicos, desde el momento en que comienzan a formarse y por ello generalmente hay una advertencia 3 ó 4 días antes de que empiece la tormenta.

 Ante la previsión de fuertes huracanes es conveniente recurrir a medidas de evacuación. De hecho, muchas de las víctimas del Huracán Andrew que ignoraron las órdenes de evacuar perdieron la vida o se dieron cuenta de que no podían hacer nada para proteger sus bienes contra la tormenta.

 Nomenclatura de los huracanes 

Las tormentas cuyos vientos sobrepasan los 17 m/s reciben nombres, para facilitar la identificación de estas en los avisos a la población y en los registros de demandas de seguro.

 Estos nombres son tomados de listas que varían de región a región y son determinadas con años de anticipación. Los nombres se eligen, dependiendo de la región, por comités de la Organización Meteorológica Mundial o por los servicios meteorológicos nacionales o regionales que hacen los pronósticos.

 Cada año, los nombres de tormentas particularmente destructivas desaparecen de las listas y son sustituidos con otros.

 

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