Tornado
Un tornado (del latín tornare,
girar) es un fenómeno meteorológico el cual se caracteriza por un torbellino
violento de aire que gira sobre sí mismo y que se extiende desde las nubes
hasta la superficie terrestre. Los vientos giratorios de los tornados pueden
alcanzar desde los 100 hasta velocidades de más de 400 kilómetros por hora
(250 millas por hora) y su forma suele ser parecida a la de un cono
invertido.
Partes Un tornado se compone de tres partes fundamentales :
La nube madre: es la nube de la que cuelga el tornado. Generalmente
es del género cúmulo nimbus y su base se encuentra a altitudes por debajo de
los 2 km. La nube madre se caracteriza no sólo por su gran desarrollo
vertical (su tope alcanza aproximadamente los 10 km de altura hasta la zona
denominada (tropopausa) sino también por su característica forma de yunque.
El embudo: es la parte que va
desde la nube madre hasta el suelo. Denominado también cono o manga, el
embudo presenta al comienzo del tornado un aspecto parecido al de una nube,
debido a que también arrastra partículas de agua en condensación. A medida
que el tornado vaya aspirando polvo y desechos, el embudo irá adquiriendo un
tono más y más grisáceo y se irá estrechando.
El vórtice: es la parte
inferior del embudo, la que entra en contacto con la tierra. El vórtice es
la parte más destructiva del tornado, pues es esta punta la que posee el
menor diámetro del tornado, y por tanto la mayor aceleración del aire, y la
que contacta directamente con la superficie terrestre, arrancando árboles,
levantando casas y arrastrando la mayor parte de los desechos que va
aspirando. Aunque en la mayoría de las ocasiones un tornado posee un único
vórtice, no es raro que aparezcan varios vórtices de succión, que a su vez
irán girando alrededor del pie del torbellino.
Formación
Para que se origine un tornado han
de confluir tres elementos: una masa de aire cálido y húmedo, otra masa o
frente de aire frío y seco, y una corriente ascendente. Estos elementos son
indispensables para su formación, pero su sola presencia no basta para dar
lugar a un tornado; su mecanismo de creación es un tanto más complejo y
sigue unas pautas generales.
Cuando se produce el choque térmico de los dos frentes, el cálido y el frío,
debido a la fuerte condensación del vapor de agua asociado al frente húmedo,
se origina una poderosa tormenta o supercélula (Keith A. Browning, 1949) y
con ella una visible nube espesa de desarrollo vertical llamada cumulonimbo,
a veces de un representativo color oscuro y que muy frecuentemente llega a
precipitar en forma de lluvia o incluso de granizo. En el interior de dicha
nube, las corrientes de aire que se crean por el intercambio vertical de
gases (el aire frío desciende y el cálido sube por su diferencia de
densidades) provocan a su vez una primera corriente ascendente. Por otro
lado y produciéndose de modo constante en cualquier lugar sobre el que
incidan o hayan incidido los rayos del sol, existen burbujas o masas de aire
que se elevan desde la superficie de la tierra, al ser calentada ésta por la
radiación solar. En el momento en que una de estas burbujas de aire que sube
es succionada por la corriente ascendente de la nube pasa a ascender a mayor
velocidad (50 km/h como máximo); al mismo tiempo y gracias a la propia
rotación de la Tierra y/o a la ayuda de alguna corriente horizontal que la
hace girar, esta masa o burbuja de aire que se eleva desde la superficie
terrestre se arrollará sobre sí misma y se convertirá finalmente en una
segunda corriente giratoria ascendente que en este caso va desde el suelo
hasta la base de la nube: el tornado.
Características
El tornado surge a partir de la base
de una nube tipo espiral cumulonimbo y se extiende hasta abajo en forma de
manga o embudo. La parte inferior y más agresiva del tornado se suele
denominar vórtice.
A estos torbellinos les suele acompañar precipitaciones violentas de lluvia
o granizo, relámpagos, rayos y la oscuridad propia de las nubes que lo
sustentan.
Los tornados, por la acción de la rotación de la Tierra y la fuerza de
Coriolis derivada de ella, giran en el hemisferio Norte en contra de las
agujas del reloj y en el hemisferio Sur a favor de las mismas. Sin embargo,
esta norma no es excluyente, pues se han registrado casos de tornados que
giraban en sentido inverso al habitual.
Los tornados, aparte del giro circular de sus vientos, se desplazan a una
velocidad que va desde los 20 km/h de los torbellinos más lentos hasta los
100 km/h de los más rápidos y describiendo un movimiento rectilíneo y
errático que casi siempre, en el hemisferio Norte, sigue la dirección
suroeste-noreste.
La aparición de tornados está casi exclusivamente sujeta a las latitudes
intermedias entre las masas de aire polar y tropical, es decir, entre los
20º y los 50º de latitud en las franjas situadas tanto al norte como al sur
del Ecuador. En latitudes superiores e inferiores, como el aire no alcanza a
calentarse tanto o se calienta demasiado sin enfriarse, no se llega a lograr
un contraste térmico que favorezca su aparición.
La rápida ascensión del aire caliente a través del embudo del tornado crea,
de acuerdo con el Teorema de Bernoulli que establece que la presión se
reduce al crecer la velocidad, una zona de vacío (o bajas presiones)
alrededor del vórtice que le dota de su temible efecto “explosivo”, el cual
provoca que los edificios estallen por la repentina diferencia de presión
que se produce entre su interior y exterior al pasar el ojo o centro del
tornado por encima de éstos.
Los tornados arrastran todo cuanto encuentran a su paso, desde polvo y hasta
desperdicios como árboles, chapas de metal, cristales, vigas e incluso
vagones. A estos materiales que el tornado lleva en volandas se les denomina
desechos.
El efecto de destrucción de un tornado es mayor en el área afectada que el
de un huracán debido a que la energía por liberar se concentra un área más
pequeña; así, el efecto de la velocidad del viento y la baja presión hacen
que el daño sea mayor.
Las épocas del año más propicias para la aparición de tornados suelen ser
sobre todo la primavera (marzo, abril y mayo) y en menor medida el verano y
el otoño. En cuanto a su duración, el promedio de vida de un tornado suele
rondar el cuarto de hora, pero en contadas ocasiones exceden la media hora o
lapsos superiores.
Los tornados se miden según la Escala de Fujita, que va desde los tornados
F0 (menor intensidad) hasta los F5 (categoría suprema).
Composición y desaparición
En un principio, el embudo del
tornado es una nube embudo únicamente constituida por gotitas de agua en
condensación, las cuales nacen en las bases de la nube madre y descienden
hasta la superficie. Tras tocar el suelo, el vórtice aspira polvo y
derrubios abundantes que, debido a la corriente de aire ascendente, suben
por el embudo y lo van velando con una cortina de suciedad. A medida que
avanza el tornado y a causa de la fricción entre las moléculas de aire y
polvo, en las paredes que forman el ojo del tornado normalmente se producen
descargas eléctricas que dan lugar a la aparición de chasquidos, relámpagos
y rayos. Finalmente y con toda la carga de desechos que porta a lo largo de
su embudo, el vórtice del tornado no puede seguir el ritmo y se va quedando
atrás, separándose del punto donde se une con la nube madre (que en
ocasiones desciende ligeramente y se enrolla alrededor del cono) hasta que
se produce su rotura, momento en el que la manga asciende y se integra en el
cumulonimbo, desapareciendo el tornado. Asimismo, la rotura del embudo puede
también producirse por la imposibilidad del tornado de seguir engullendo
aire debido a la masiva presencia de los desechos que porta, aunque esto no
varíe su espectacular desenlace.
Poder destructivo
Los daños producidos por un tornado
son el resultado de varios factores como:
La rápida rotación de sus vientos, que pueden abrir ventanas, romper
cristales, desgarrar árboles, levantar coches y lanzar trenes por los aires.
La violencia de los impactos de los desechos que porta contra vehículos,
edificios, construcciones, etc.
La presión muy reducida del interior de su embudo, que provoca la explosión
de las estructuras sobre las que se posa y que no tienen ventilación
suficiente y que, por tanto, no equilibran rápidamente la diferencia de
presión.
Tornados en el mundo
Aunque la gran mayoría de los
tornados se sitúan en torno al centro de Estados Unidos, también se han dado
casos en otros países como Australia, Argentina, el norte de México,
Colombia, Italia, Reino Unido y en España. En España es común su aparición
en las costas de la Comunidad Autónoma Valenciana o en la provincia de
Gerona, lugares donde son incluso más frecuentes las trombas marinas.